Desierto Andino

El Salar del Hombre Muerto es un enorme campo de sal en el norte de Argentina, ubicado a más de 4.000 metros de altura en la Puna de Catamarca, y ocupa alrededor de 588 km² de superficie. Su nombre viene de una historia curiosa: un geólogo lo bautizó así en 1920 tras encontrar una tumba antigua en uno de sus extremos.

Además de su paisaje de sal y altura, este salar es muy importante para la producción de litio, un mineral clave para baterías de tecnología moderna y energías renovables. La extracción de litio comenzó a fines de los años 90 y hoy forma parte del Triángulo del Litio, junto con salares de Bolivia y Chile que concentran gran parte de las reservas.

Después de ver cómo el Salar del Hombre Muerto guarda importantes minerales como el litio, el desierto andino nos sorprende también con otras maravillas geológicas como la Reserva Natural La Payunia en Mendoza. Esta área protegida es un gigante campo volcánico con más de 800 volcanes, uno de los más densos del planeta, y paisajes que parecen de otro mundo, con planicies negras, rojas y ocres formadas por lava, ceniza y materiales volcánicos. Gran parte de la reserva es tan especial que está postulada como candidata a Patrimonio Mundial Natural, y su geología demuestra el poder de la actividad volcánica que modeló esta región a lo largo de millones de años.

A diferencia de los salares donde se extraen minerales estratégicos, la Reserva Natural La Payunia se destaca más por su valor geológico y ambiental que por la explotación de recursos. Este enorme campo volcánico, con más de 800 volcanes, muestra cómo la lava y las cenizas moldearon el paisaje durante millones de años, dejando suelos ricos en materiales volcánicos. Todo ese pasado geológico explica por qué la zona es tan importante para estudiar la historia natural de la región. Además, protege una gran variedad de fauna como guanacos y cóndores, que viven en un entorno extremo pero fascinante. Más que un sitio de extracción, La Payunia es un verdadero laboratorio natural a cielo abierto. Y entenderla nos ayuda a valorar que el desierto andino no solo guarda minerales, sino también una historia volcánica única en el mundo.