La vicuña es un animal típico de las zonas altas de la cordillera de los Andes, especialmente en la Puna de Argentina, Bolivia, Chile y Perú, donde vive a más de 3.500 metros de altura. Está adaptada al clima frío y seco del desierto andino y se alimenta de pastos duros que crecen en esas regiones. Su lana es una de las más finas y valiosas del mundo, lo que en el pasado provocó una caza excesiva. Por eso llegó a estar en peligro de extinción.
La vicuña también tiene un valor cultural muy fuerte en los pueblos andinos. En algunas comunidades, este animal es considerado sagrado y forma parte de ceremonias tradicionales vinculadas a la Pachamama, como símbolo de respeto y agradecimiento a la naturaleza. Antiguamente, incluso en tiempos prehispánicos, su fibra era reservada para la nobleza.
El zorro andino, también conocido como zorro colorado, habita en gran parte de la cordillera de los Andes y se lo puede ver en zonas altas de Argentina, Bolivia, Chile, Perú y Ecuador. En nuestro país aparece sobre todo en la Puna y en regiones montañosas del noroeste y Cuyo. Está adaptado al clima frío y seco, y suele moverse entre pastizales, quebradas y zonas rocosas. Es un animal muy ágil y curioso, con pelaje espeso que lo protege de las bajas temperaturas.
Se alimenta de pequeños roedores, aves, insectos e incluso restos de comida, por lo que cumple un rol importante en el equilibrio del ecosistema. A diferencia de otras especies, no se encuentra actualmente en grave peligro de extinción, aunque sí enfrenta amenazas como la pérdida de hábitat y la caza. En muchas culturas andinas aparece en relatos y leyendas populares. Es una de las especies más características del paisaje del desierto andino.
Y así como la vicuña y el zorro andino forman parte de este ecosistema, también aparecen otras especies increíbles como los flamencos que pintan de rosa las lagunas altoandinas y el majestuoso cóndor que sobrevuela las montañas. Cada uno cumple un rol fundamental en este ambiente extremo, demostrando que incluso en condiciones tan duras la vida encuentra la manera de adaptarse. El desierto andino no es solo un paisaje de salares y volcanes, sino un espacio lleno de historia natural, cultura y biodiversidad. Entre minerales estratégicos, reservas naturales y fauna única, se convierte en una región tan valiosa como fascinante. Conocerlo es entender que su riqueza no está solo en lo que se extrae de la tierra, sino también en todo lo que vive y se protege.